You are here: Home // Peliculas, Reviews // Reseña: Miriam Miente [dir. Natalia Cabral/Oriol Estrada, 2019]

Reseña: Miriam Miente [dir. Natalia Cabral/Oriol Estrada, 2019]

Dulce Rodríguez como “Miriam”. Foto: Carlos Rodríguez


Las Cosas Que No Se Dicen

“Está bien ser tu misma, amarte y aceptarte tal cuál eres” – Dee Rees

por: Orlando Santos

Hay una escena especial en “Miriam Miente” en donde Fernando, padre de Miriam e interpretado por Vicente Santos, almuerza con Miriam (Dulce Rodríguez) y ella le pregunta la razón por la que su abuelo materno lo odiaba. Fernando evita dar una respuesta concreta hasta que ignora completamente la pregunta y le exhorta a su hija que mejor coma. Fernando es negro y Miriam es mulata, el racismo de su abuelo está implícito y Miriam lo sabe o lo presiente pero buscaba una respuesta directa de su padre.

Esta es probablemente la escena que mejor describe lo mucho que logran los realizadores Natalia Cabral y Oriol Estrada sin emitir mucha información directa a la audiencia. Es un acercamiento narrativo por el que es válido las comparaciones con la otra dupla de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas y con los trabajos, también de ficción, de los realizadores Lynne Ramsay y Steve McQueen [quiénes no dirigen juntos].

Miriam Miente muestra su intimidad y su contemplación desde un inicio. Cabral y Estrada logran una transición de su forma de narrar documentales [Tú y yo, El sitio de los sitios] a la ficción de una manera encantadora. La relación entre Miriam y Jennifer [Carolina Rohana] se convierte en el estudio contemporáneo más relevante de la pubertad que hemos visto en nuestro cine y en uno bastante importante y curioso de toda Latinoamérica.

La historia, su guion, es donde encontramos el debate más interesante: tanto presentado por la dupla de cineastas para la audiencia; como su capacidad de generar conversaciones extensas como toda buena historia puede, desde sus puntos positivos y negativos.

El personaje de Miriam, interpretado de manera orgánica por Dulce quién se estrena como actriz aquí, está construido a partir de los prejuicios de su familia. Su madre, interpretada por Pachy Méndez, está bastante enfocada en las apariencias y eso la lleva a construir y alimentar la principal mentira de Miriam: su pretendiente, un chico que conoce por internet de manera anónima, sea blanco e hijo de un funcionario francés.

Miriam navega cada escena con una inseguridad y una constante contemplación de quién es y qué tanto puede o no ocultarlo. La historia utiliza una mezcla de tecnología interesante para lograr una narrativa atemporal y darle más peso a la relación virtual de Miriam y Jean Luis. Mientras que fácilmente, en una escena, las amigas de Miriam pueden encontrar varios Jean Luis en línea para confirmar quién es con Miriam, la relación de él y Miriam se mantiene en el anonimato a través de un chat alusivo a la década de los 90. Esta forma de comunicación entre Miriam y Jean Luis no solo alude a una historia real que ha contado su directora Natalia Cabral como influencia para la película sino que también es una interpretación de cómo, en unos tiempos de sobreinformación gracias a las redes sociales, estas dos personas mantienen un anonimato tal vez por temor a revelar quiénes realmente son por prejuicios a su color de piel y a la posibilidad de que quién esté detrás de la pantalla lo rechace por eso.  Algo que la película confirma de manera desgarradora y maravillosa.

La mezcla de la accesibilidad, el chat anónimo contra el acceso fácil a la información a través de un celular, son una de las licencias narrativas que se toma la película. La otra, y tal vez una de las más debatibles, es que mientras la familia de Miriam parte de unos prejuicios muy marcados que la afectan a ella, Miriam se relaciona con amigas de un plano social claramente más alto y quiénes, salvo una ignorancia juguetona con el pelo de Miriam, no tienen ningún inconveniente con su amiga de clase media y mulata.

Esta disparidad, cada vez más palpable en nuestra sociedad actual, es casi completamente ignorada por la simpática y emotiva relación representada en pantalla de Miriam y Jennifer. Es también una metáfora de que con el odio y las fronteras no se nace, se van construyendo; empero, estos personajes ya son adolescentes, así que uno entendería que los prejuicios ya estarían presentes en su carácter. También Miriam y su familia, pudieran ser una especie de obra de caridad para la familia de Jennifer. La niña y la familia humilde con la que se comparte, debido a que ambas hijas estudian juntas en un colegio privado.

La historia, en papel, pudiera parecer un melodrama simplón de no ser por el acercamiento que tienen Cabral y Estrada a esta historia. Al final, el cine es como se cuenta una historia y las decisiones narrativas de la dupla son importantísimas para el valor de este filme. Cabral y Estrada hacen una mezcla interesante de su experiencia como documentalistas al tener suficiente de la contemplación que hemos visto en filmes como “Tu y yo” y “El Sitio de los Sitios” mezclados con la ficción de esta historia. La película funciona más como una observación de la evolución de la relación entre Miriam y Jennifer, que una historia de ficción construidas para sus actrices.

Hay unas escenas en específico que destacan la labor de los realizadores en utilizar el lenguaje cinematográfico lo más que puedan. A la salida de una tienda de una amiga, Tata [interpretada por María Castillo],  de su madre y abuela [interpretada por Ana María Arias]; no solo vemos a una Miriam claramente harta dentro del vehículo sino que la conversación reflejada en el vidrio del carro la escuchamos lejana, desde dentro del automóvil, como la escucharía Miriam trancada en el auto porque precisamente allí estaba el micrófono en esa escena.

La narrativa fuera de cámara es una constante en “Miriam Miente”. En uno de los ensayos de baile de los quince años de Miriam y Jennifer; al Miriam no tener pareja, la profesora [interpretada por Georgina Duluc] pide la asistencia de quién limpia la piscina. Un hombre negro. Mientras está sucediendo todo esto escuchamos a la madre de Jennifer y dueña de la casa, Claudia [interpretada por Margaux Da Silva], hablando por teléfono fuera de cámara. Al terminar su llamada la escuchamos reprochar a la profesora cuando se cuenta que una persona de servicio está siendo utilizada para los ensayos de baile.

Finalizando estos ejemplos, tal vez el mejor y más entretenido de todos, durante la fiesta de quince años, Miguel [Frank Perozo] decide dedicarle tal vez la peor de las canciones, considerando su contenido*, a su sobrina [“Muchachita Mía” de Fernando Villalona]. En vez de mantener la cámara con Miguel cantando, que serviría como uno de los momentos más jocosos de la película, Cabral y Estrada utilizan la interpretación de fondo mientras observamos lo mal que Miriam la está pasando en sus quince años. Solo vemos a Miguel cantando cuando inicia y cuando es cortado bruscamente para cambiar de música.

 

Carolina Rohana y Dulce Rodríguez como “Jennifer” y “Miriam”. Foto: Carlos Rodríguez

“Miriam Miente” es un ejemplo de que existen formas interesantes de contar una historia aparentemente trillada, de lo crítico, representante, real y cercano que llega a ser el cine de la vida. Una pequeña joya de una dupla de directores que continúan explorando mundos interesantes en el cine dominicano y caribeño.

 

*Muchachita Mía

“Y me amarás, sin uniforme

Sin lápiz, ni papel

Cuando te hayas graduado

Para ser mujer”

 

Miriam Miente
2019
Dir. Natalia Cabral / Oriol Estrada
Interpretaciones: Dulce Rodríguez, Jennifer Rohana, Pachy Méndez, Vicente Santos, Frank Perozo, Giorgina Duluc, Margaux da Silva, Ana María Arias.

Leave a Reply

Copyright © 2012 CineDominicano.net. Todos los derechos reservados.
Powered by Bacon Studio.