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Editorial: La Melodía del Recuerdo


Aquel Querido Mes de Agosto (Miguel Gomes, 2008)

por: Diego Cepeda

Detrás de las rejas metálicas de un gallinero, un zorro atento observa. Los gallos y las gallinas en su cotidianidad, se mueven, comen y cacarean. El zorro sigue observando en silencio y los animales empiezan a caminar en conjunto hacia el otro extremo del gallinero cuando el zorro, por fin encuentra una manera de entrar y salta para atrapar a su próxima presa. Un poema, una fiesta de pueblo, unos niños observan a los músicos en la noche, se va la electricidad, se apagan las luces y la música: Silencio, empieza una película.

Existe un problema común al hablar de las películas, cuando hablamos de una película de ficción, generalmente hablamos de aquello que se cuenta y no de lo que se muestra, del mismo modo, cuando nos enfrentamos a un documental no solemos hablar de lo que se muestra sino de su factibilidad, en fin, podemos admitir que pocas veces hablamos realmente de las películas.

Jorge Luis Borges, en su cuento “El Jardín de los Senderos Que Se Bifurcan”, decía que Omitir siempre una palabra… es quizá el modo más enfático de indicarla. Esa palabra que se esconde, que se omite y que juega colindante entre las fronteras de la construcción de Aquel Querido Mes de Agosto es la palabra verdad. Teóricos como Christian Metz y realizadores como Hollis Frampton ya nos advertían que todas las películas son ficciones y que los documentalistas o aquellas personas que trabajan con lo real, son aquellos quienes fabrican las ficciones más elaboradas.

¿Qué entonces, es lo que Miguel Gomes nos muestra con esta película? El campo, no, un campo en un pueblo, no, una aldea de Portugal, no, algunas aldeas de Portugal localizadas en la Subregión Pinhal Interior Norte, no, el rodaje de una película en esta subregión, no, el rodaje de su película que ocurre en estas localidades en Agosto, tampoco y a la vez, quizás, nos está mostrando todo esto. ¿Cómo mostrar la vida, las fiestas de verano, la historia de estas aldeas, sus habitantes, sus secretos, sus oficios, sus sueños, si no partimos de la materia misma que los constituyen?

Gomes realiza una película colaborativa con las personas, con los personajes de este campo, con su equipo de rodaje y consigo mismo sin ocultarse. Nos muestra un proceso de trabajo, nos muestra procesos de trabajo, para desvelar como va tejiendo aquella verdad que se conjuga entre los cortes.

Mostrar una historia tiene tanto que ver con mostrar los hechos y cómo los hechos a su vez, se muestran. Desde un programa de radio, cómo se prepara el periódico local, cómo se piensa una película, todo el tiempo el espectador tiene en frente las manos que construyen los relatos del día a día. Pero esto no es suficiente, la historia de los pueblos no puede ser un recuento de hechos ni una historia sobre procesos, el zorro tiene que comer, así que Gomes se introduce en el gallinero y nos va mostrando a las gallinas, que al ponerlas frente a una cámara se convierten lentamente en personajes, y a veces, poco a poco hasta en actores.

Estas personas nos muestran su vida y nos cuentan sus mitos, en una escena vemos un hacha, vemos cómo han realizado una película de terror adaptando a la Caperucita Roja, vemos cómo se ven ellos mismos en pantalla, vemos cómo nos cuentan la historia de un asesinato real y pasamos a ver finalmente cómo suelen cazar jabalíes y cómo los cuelgan para luego despellejarlos mientras los perros ladran en la lejanía. Todas las historias, todas sus historias. El hacha, en este caso, se ha convertido en una herramienta de verdad.

Sin embargo, el elemento principal en toda la película es la música, aquellas canciones con las que conviven y cuentan sus desamores y sus fantasías, ya dejemos de hablar de lo ficticio o de lo real, la melodía del recuerdo los acoge sin distinciones y es por esto que Gomes, a mitad de la película nos muestra su canción. Se vuelve a ir la electricidad y comienza una pequeña ficción romántica con las personas de estos pueblos, escrita por él o por ellos, o con su ayuda, ya eso no importa, ¿Quiénes somos para juzgar las lágrimas de una mujer que llora y ríe al final de un relato?

En los créditos vemos una discusión, Miguel Gomes y el Director de Sonido, Vasco Pimentel, hablan sobre unos sonidos que aparecen en las pistas de audio que no estaban ahí cuando fueron grabados, como si fuera por arte de magia, encuentran música y canciones en donde sólo se escuchaba el sonido de los árboles o del agua que corre en el río, la manifestación de lo invisible o de la memoria, el poder del cine sobre lo real, la constatación de que no vemos las cosas como son, sino como somos.

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