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Rubirosa: El Tíguere [dir. Carlos Moreno, Hugo Rodríguez]

por: Orlando Santos

Aclaración previa: 1- Rubirosa es una miniserie comprendida en tres capítulos que decidieron estrenar en las salas de cine. La reseña parte de lo mostrado en este primer episodio “El Tíguere”.

2- La intención del escrito será enfocarse, lo más que pueda, en el valor narrativo de los  diferentes rubros cinematográficos que contiene “Rubirosa: El Tíguere”. Sin embargo, hay que destacar que parece una falta grave que una producción audiovisual que, hasta ahora, justifica e idolatra una figura prominente del trujillismo, fuese financiada en parte con dinero del Estado. – Léase, con los incentivos de la ley de cine – .

3- El artículo se irá ampliando a medida que vea y analice los demás episodios.

Existe un encanto en los biopics y películas de épocas que no existe en otros filmes. Es esa capacidad de apelar a la nostalgia de una audiencia que probablemente no vivió el tiempo retratado en pantalla y que, además, la obliga a comparar con la realidad esa ficción basada en sucesos reales de la que fueron testigos.

Para envolver a una audiencia de inmediato, que es necesario, en un filme como este es necesario la importancia de algunas áreas del cine sobre otras. Estas serían: dirección de arte, vestuario, locaciones y fotografía [y su futura colorización]. Esto, antes del argumento y las actuaciones, son las cualidades que lograrán que la audiencia se adentre en la historia que se le va contar. Por lo visto en el primer capítulo de “Rubirosa” cada una de estas cualidades no pareció tener la importancia que se le intentó poner a las actuaciones.

El primer capítulo de Rubirosa, “El Tíguere”, inicia con un ya adulto Porfirio Rubirosa [interpretado por Manolo Cardona] en París narrando lo que realmente inspiró a esta producción, los rumores alrededor de él.

Es válido destacar que la historia, que por lo menos se intenta retratar en este primer capítulo, no está basada en hechos reales sino en los cuentos de las conquistas femeninas, el tamaño de su pene y la supuesta inspiración que tuvo Ian Flemming en Rubirosa para crear a su personaje más icónico James Bond. Desde ese inicio, la audiencia debe de saber que todo lo que verá a continuación está muy lejos de la realidad, algo válido en los biopics pero que puede provocar molestias cuando se convierte un funcionario de una dictadura en un posible héroe.

Las fallas de Rubirosa, como filme y/o miniserie, inician con el terrible manejo de la elipsis. La producción hace un esfuerzo en el inicio por revelar el año en que transcurren las escenas para luego olvidar completamente esta característica y confundir a la audiencia con un argumento incoherente, diálogos acartonados y tontos y unas actuaciones, de un talento increíble en pantalla, que dejan tanto que desear y provocan tanta vergüenza ajena que por momentos uno se olvida de las fallas en puesta en escena.

Matthew Weiner, creador y guionista de “Mad Men” y guionista en “The Sopranos”, destacó la calidad del cuento como género literario y como algo esencial para escribir una producción episódica. Weiner destacaba que la mayoría de los capítulos deben existir por sí solos y en el caso del primer episodio / piloto de una serie, este debería servir no solamente como una entrada sino como una prueba completa de lo que se vería en el resto de la serie pero que de igual forma fuese similar a un filme con un principio y un fin.

Muchos capítulos de Mad Men y The Sopranos utilizan esta cualidad de contarte uno o varios cuentos cortos por capítulos. Estas grandes series están construidas de tal forma que la mayoría de sus episodios pueden ser disfrutados sin el contexto de lo que sucedió antes o de lo que puede suceder después.

Tomemos como ejemplo algo mucho más popular: Game of Thrones [tomando en cuenta los argumentos, no el valor de producción]. Episodios como “The Rains of Castamere”, “Blackwater” y “Battle of the Bastards” son representados como un largometraje de ficción. Cada uno de estos capítulos inicia una historia (que es enriquecida por el contexto anterior pero sobrevive por sí sola) que concluye en el mismo capítulo. Incluso, destacando las declaraciones de Weiner de que existen también cuentos pequeños dentro de cada capítulo; en el episodio “The Winds of Winter”, la serie homenajea en su inicio a “The Godfather” con un intro que inicia con la preparación de sus personajes para asistir a un juicio y la treta de una reina que se rehúsa a ser juzgada. En 7 minutos, Game of Thrones, te cuenta una historia con principio y fin, claro con contexto previo y futuro pero que no son vitales para envolver a la audiencia en lo que está sucediendo. Esa es la fuerza del cuento en la narrativa audiovisual.

En este primer capítulo de “Rubirosa”, nada inicia, nada termina. La narrativa viene construida de momentos que rara vez se unen de manera coherente uno con otro. En una escena, Rubirosa intenta conquistar a una chica que es defendida por su padre, cuchillo en mano, para luego pasar a un drama familiar y posteriormente a uno que intenta retratar la política del momento. No existe una transición en los argumentos que cree en sí la sensación de que se está contando, de manera clara, la historia de un supuesto “héroe”, o la historia de un mujeriego, o la historia de una dictadura sangrienta. Los personajes parecen más una caricatura gracias a la pobre interpretación y dirección de actores y la falla en el maquillaje que podemos observar en la línea del cuero cabelludo del Trujillo interpretado por Damián Alcázar.

Esta miniserie parece más un capricho de un actor por lograr una producción audiovisual donde el principal protagonista sea él por encima de los demás. Parecería que su valor de producción sólo es palpable en sus intérpretes, en los nombres mejor dicho. Es lamentable que una miniserie que cuente con el mismo Cardona [extraordinario en “Contracorriente”], Damián Alcázar, Ana Serradilla y Héctor Aníbal en sus roles principales, cuente con tan poca atención en sus roles y termine siendo una telenovela de segunda.

Es una producción que no se decide si hacer un comentario político, una especie de tragicomedia romántica, un intento de película de espías o todas las anteriores sin ningún hilo conductor sensato que las una.

Si algo podemos sacar de “Rubirosa: El Tíguere”, como primer capítulo es que a lo largo terminará siendo una historia confusa en donde la representación de lo histórico y de sus personajes no hacen sentido alguno, ni como ficción y mucho menos en su intento de representar los hechos reales y la época.

Aunque los principales responsables de esta producción audiovisual no son dominicanos, – Cardona es colombiano, también lo es el director Carlos Moreno [que cuenta con una buena película en “Perro come perro”] y Hugo Rodríguez que es Argentino; es bueno recordar una frase de Armando Almánzar sobre la mediocridad de algunas producciones locales a pesar de contar con presupuesto, “no es que no quieren, es que no pueden”.

A Rubirosa se le nota muy bien que le faltaba tiempo de investigación, desarrollo de personajes y argumentos. También es una pena, y una vergüenza, que hermanos latinos tengan tan poco tacto con una personalidad de la dictadura de Trujillo y con lo que se vivió en esos tiempos, considerando que el cine latinoamericano está lleno de retratos sobre las dictaduras que hemos sufrido desde diferentes puntos de vista. Las referencias estaban allí, lamentablemente lo que le queda la audiencia es otro vivo ejemplo de algo que se hizo con inmediatez y con muy poco rigor.

Para parafrasear a Alessandra Stanley en su reseña de “Grace of Monaco” en The New York Times: “La producción está llena de estrellas en una realización que intenta ser lujosa y que si fuera mejor realizada fuese peor”.


Esta reseña continuará en un próximo capítulo… si queda ánimo. 

 

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